Crónica| Wolfsburgo 2-0 Real Madrid

El equipo blanco se desploma tras unos 15 minutos buenos y acaba claudicando ante un eléctrico y eficaz Wolfsburgo. El 1-0, que nació de un penalti inexistente, cambió el partido. Tocará remontar en el Bernabéu para el Real Madrid.

Alemania, otra vez, Alemania. El Real Madrid volvió a caer en su tierra menos deseada, en el territorio donde más se empequeñece su leyenda, donde más crecen sus miedos. Esta vez no fue el Bayern, ni el Dortmund, fue el Wolfsburgo el que sacó los colores a un equipo que vuelve a tener que agarrarse a la épica, a la leyenda, a la camiseta. Alemania vuelve a complicar el camino a la gloria.

Los primeros 15 minutos no anticiparon lo que vino después. De salida, se vio a un Madrid serio y jugando con mucho criterio. Moviendo la pelota con paciencia y creando ocasiones. En los primeros compases le anularon un gol a Cristiano y una caída dentro del área de Bale se pasó por alto. A los 18 minutos del primer tiempo, el colegiado, el señor Rocchi, decidió cambiar por completo el signo del partido señalando un penalti inexistente de Casemiro que Ricardo transformó a la perfección. El 1-0 cambó todo. El Real Madrid se derrumbó, se vino abajo, todos los fantasmas que inspira Alemania volvieron con más fuerza. El cortocircuito del equipo blanco fue total. Por el contrario, el conjunto alemán se vino arriba y calvó una segunda estocada por medio de Arnold. El 2-0 hizo saltar de verdad las alarmas.

En el segundo tiempo el Real Madrid intentó, sin éxito, reaccionar. Zidane movió piezas e introdujo a Isco y, más tarde, a James. El equipo blanco se mostró más intenso y jugó más en campo rival pero no tuvo demasiadas ocasiones claras para marcar un gol que hubiese sido fundamental. Cristiano Ronaldo, en un mano a mano, tuvo la más evidente de todo el segundo acto, pero Benaglio desbarató la ocasión. El Real Madrid, como en el primer tiempo, se agarró a un inspirado Gareth Bale (con diferencia el mejor del equipo), pero no fue suficiente. Por su parte, el Wolfsburgo, continuo con su plan: esperando, con una defensa sólida y asustando en cada contragolpe. El Madrid jugó con más corazón que cabeza en el segundo tiempo, sin sensación de tener recursos ni argumentos, y acabó claudicando.

Ni el más pesimista se podría haber imaginado un guión similar. El Real Madrid se tendrá que agarrar a la mística, al escudo, a la leyenda, al Bernabéu y a una urgente mejora futbolística, para voltear una eliminatoria que se ha complicado de manera exponencial. Queda el Bernabéu.

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